No cedas tu privacidad en las redes sociales o en tu teléfono móvil, ni siquiera a tu pareja. No es una muestra de confianza y, desde luego, no os protege de los peligros de la infidelidad.

Norman Bates también quería las contraseñas de Marion.

Si eres de los que piensan que la máxima demostración de amor entre dos personas es no tener secretos y compartirlo todo, incluso las contraseñas de las redes sociales, el teléfono, el correo y todo, tiene toda la pinta de que eres mezquino y desconfiado.

Como lo lees: mezquino y desconfiado. Ya sabes, cree el ladrón que todos son de su condición y eso. El refranero es sabio, no tienes justificación.

Quizás creas que puedes excusarte diciendo, como muchos, que si uno no tiene nada que ocultar no tiene nada que temer, que si tu pareja comparte contigo sus contraseñas está limpia de polvo y paja. Quizás esperes que brindando todos tus secretos a tu pareja tienes “derecho” a exigir que se abra en canal y te ceda los suyos. Quizás piensas que estar de acuerdo en no tener secretos significa, automáticamente, que tu pareja no va a tenerlos y que no va a enterarse de los tuyos. Estás equivocado. Tu pareja tiene infinitas posibilidades de pegártela sin que te lo imagines siquiera. Igual que tú. Tú lo sabes. Tu pareja lo sabe.

Quizás sería más honesto confesar que tienes miedo, porque tu pareja tiene casi posibilidades ilimitadas de conocer gente y comunicarse con otras personas sin que sepas nada de ellas. Cientos, miles de personas más interesantes que tú, que le digan cosas bonitas, que le descubran cosas nuevas que ni siquiera imaginas. Quizás piensas que la culpa de todo la tienen los móviles y las redes sociales, malditos, que ponen el mundo a vuestros pies y la única solución es compartir la posibilidad de controlaros mutuamente.

Estás equivocado. Estáis equivocados.

Los móviles y las redes sociales no han inventado la infidelidad. La infidelidad existe desde que hay parejas. Si bien parece que es cierto que son dos de las principales causas de separaciones y divorcios en la actualidad, no debemos olvidar que el engaño en la pareja es un riesgo inherente a la monogamia. Y, desde luego, la falta de privacidad no es una protección. No existe protección contra eso.

Puede que no te lo hayas planteado, que hayas decidido quedarte con lo fácil: como mi pareja tiene acceso a todos mis secretos y yo a los suyos no tenemos nada que temer, confiamos el uno en el otro. Pero no. Intenta pensarlo de otra manera: si de verdad confías en tu pareja no necesitarías saber con quién o cómo se relaciona.

La de cosas en las que tenemos que pensar desde que han aparecido las redes sociales.

Republicado de aquí, cortesía de el Hype.

 

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Desinstala Whatsapp, no dudes más. Cuando creías que 2014 no podía ser peor, alguien te incluye en otro grupo de Whatsapp en el que no quieres estar, con personas que no te caen bien, que chatearán de cosas que no te importan a horas en las que no sabías que podías tener ganas de matar.

Darth, tras incluirle en el grupo de las mamás del cole.

 

Antes de instalar Whatsapp debería saltar una advertencia con una decarguita así, una cosa bien, en la entrepierna, tipo En el pecado lleva la penitencia, para que pensáramos dos veces si queremos instalarla. Porque Whatsapp es el Mal. Hace que pierdas tu fe en el progreso y la evolución humana, aumenta tu estrés, despierta tus ganas de matar y, lo que es peor, desalinea tus chacras y te deja los biorritmos para el arrastre. A poco que te descuides, todo lo bueno que puedas decir sobre el Whatsapp se convierte en una pesadilla.

¡Qué guay, ahora es tan barato comunicarse con todo el mundo! Oh, sí, espera. Porque tú no, claro, tú tienes claro lo que significa comunicación y utilizas Whatsapp para decir cosas necesarias y pertinentes, pero hay quien dice “comunicarse” cuando quiere decir “enviar fotos pseudograciosas y textos escritos por un orco con guantes, borracho hasta las trancas, ignorar preguntas concretas como ¿dónde hemos quedado?, cotillear en privado lo que los demás dicen en grupo o chatear con la rubia que has conocido en Tinder mientras tu mujer ha ido a por los niños”.

Enviar fotos del pequeño Nicolás en la última cena y unos JAJAJA a todos tus contactos no es “comunicarse”, no te equivoques. No es gracioso. Y no es necesario. Cotillear está feo. Y pegársela a tu mujer, también.

Y luego está lo de que es con “todo el mundo”. Todo el mundo. ¿A qué mente infradesarrollada se le ha ocurrido que cualquiera que tenga la aplicación del demonio y tu móvil guardado en la agenda de contactos pueda enviarte vídeos de monos despulgándose? ¿Por qué tengo que recibir un vídeo de monos con gorro de Papá Noel despulgándose, del señor que vino un día a reparar el aire acondicionado? ¿Pero esto qué es?

Y los grupos. Los grupos. Me imagino a los desarrolladores de Whatsapp en sus sótanos, después de trabajar ochenta y seis horas seguidas para dejarlo todo niquelao, mirando la pantalla con los ojos inyectados en sangre y diciendo y ahora vamos a permitir a todos los pringaos que se instalen la m**rd* esta, que se puedan incluir unos a otros en grupos de personas que igual ni se conocen Y QUE SE J*D*N. Panda de ratas.”

No te instales Whatsapp. Es el azote de Dios redondito y de color verde. Acabará con tu paciencia, odiarás a tus amigos y destruirá tu matrimonio. Y, si no, al tiempo.

Republicado de aquí, cortesía de el Hype.

 

¿En qué piensas cuando eliges tu foto de perfil en Facebook? ¿Piensas en algo? ¿No? Mal hecho, darling. DEBERÍAS. Tu foto dice mucho de cómo eres, de las cosas que te interesan, de lo que quieres transmitir de ti. Y de lo que no, también, no nos engañemos. Por ejemplo, a veces tu foto va a servir para transmitir que no te importa lo más mínimo lo que los demás piensen de ti. Lo que nadie piense de ti. ¿Estás seguro de que ese es el mensaje?

Puede que sí. Eres auténtico. Original. Y quieres que todos lo sepan, porque esa foto la va a ver todo el mundo pero, ¿eso es lo que transmites? ¿El mundo está preparado? ¿Con una foto de Travis Bickle dices que eres duro y que hay que tener cuidado contigo? ¿Es eso? A ver si va a haber gente por ahí pensando “mira, ya está aquí otra vez el original, queriendo parecer un psicópata asesino, el g*l*p*ll*s”. Que no digo que sea siempre así pero, oye, es posible, que hay gente pa tó.

¿Quieres saber qué pensamos los demás según el tipo de foto de perfil que tienes en Facebook? Aquí tienes una docena de ejemplos, a ver si te reconoces:

1. Bichos y tú

Las fotos de perfil abrazado a tu bich… perro, tu gato, tu loro o tu Audrey Jr. son de un forever alone que asusta ¿No encontraste nada mejor que colgarte al cuello que tu gato de quince kilos? MAL.

Olvídalo si tienes la peregrina idea de encontrar pareja en Facebook o las aplicaciones que puedes vincular: nadie quiere enredarse con una loca de los gatos. Bueno, igual otro loco de los gatos sí, pero no te digo ná como sean incompatibles.

Y, oye, que no…

2. Tu pareja y tú

Cari, esta es de las peores. Y de las que dicen más cosas, a veces todas juntas:

Acabas de empezar a salir con alguien y quieres mostrar al mundo lo feliz que eres y la intensidad e vuestro amor. Te odiarán. Hay mucha envidia.

Tu pareja está tan rebuena que quieres que todo el mundo lo sepa y te envidie. También te odiarán.

Estáis tan guapos los dos que no has podido resistirte. Lástima que necesites compañía para que nadie note lo tuyo.

Quieres pegarle a tu ex en los morretes con tu nuevo ligue. MUY MAL, algún día el karma te lo devolverá. De la peor manera. Ya verás.

Recuerdas a Paloma San Basilio, que lo sepas.

3. Dejad que los niños se acerquen a mí

Eres tan celoso de tu intimidad que no quieres salir en las fotos para que nadie te reconozca. O tienes unos hijos tan monísimos y les quieres tanto que necesitas que el mundo disfrute de tanta belleza y tanto amor. Porque los niños son así: muy del amor. Por eso pones su foto, tienes chorrocientos mil Me gusta sin pensar en que dentro de quince años te odiarán porque su foto, esa tan graciosa, aún está rodando por Internet en un meme. Muy bien, amigo, muy bien. ERES UN IRRESPONSABLE.

4. Misterio y yo, uña y carne

¿Sabes esas fotos tan chulas que se hacen los famosos con las gafotas de sol en la punta de la nariz, mirando por encima del cristal? Pues no siempre tienen ese halo de misterio y sofisticación que tú crees. Si no te las ha hecho Richar Avedon probablemente parezcas una choni de Gandia Shore. No digo más.

5. Mis amigos y yo

Otro ejemplo de forever alone. Una foto de pandilla graciosa de foto de perfil no te hace parecer más guay, ni con más amigos, ni más divertido, ni más nada. ¿De verdad quieres transmitir que lo importante para ti es el grupo, más que tú, como individuo? Que habrá veces que ni tu madre te reconozca entre tanta gente…

6. Personajes famosos

Una de las supernenas. Bruce Springsteen de espaldas. Al Pacino. El gallo Claudio. Thor. ¿En serio?¿A LOS CUARENTA? Una de dos: o eres incapaz de encontrar una foto propia lo suficientemente chula como para enseñarla, lo que dice poco de tu autoestima y/o de tu fotogenia, o admiras locamente tanto a alguien como para querer que te identifique con él/ella/ello, lo que tampoco viene muy bien para la cosa de tu madurez y tu identidad. En serio: NO DICE CASI NADA BUENO DE TI.

7. Muchas causas

Lo tuyo son las causas: el logo de tu partido en campaña electoral; un árbol el día del medio ambiente; un lazo de color según la enfermedad; tu ONG de cabecera dependiendo de la catástrofe natural… No sé qué es peor: que creas que difundir una causa con tu foto de perfil de verdad sirve para algo o que quieras que los demás piensen que eres súpersolidario porque las difundes.

Si de verdad quieres ser solidario, HAZ ALGO, no te excuses tras un logo.

8. #fotobadoo

El concepto #fotobadoo nace, crece, se reproduce y muere en la Internet. Tiene su gracia si sabes dar un punto de ironía y mala leche a tu perfil pero, si no, una autofoto con el móvil frente a un espejo, poniendo morritos y sacando pecho no es la mejor opción para mostrarte al mundo. Sobre todo si sale la taza del váter detrás. La #fotobadoo es la foto choni por excelencia. Huye como de la peste negra. Te deja fatal.

9. Cualquier tiempo pasado fue mejor

¿Tienes una foto de pequeño? Eras monísimo. Antes te lo decían tu madre y tu abuela y ahora te lo dice todo el mundo. Qué bien. No, en serio, está muy bien que des a entender que tu mejor momento, ese con el que quieres que todo el mundo te identifique cuando te vea comentar, fue cuando tenías tres años. No me extraña que sólo tengas tres amigos, las amistades del parvulario son difíciles de mantener. ¡Madura, amigo!

10. El Alonso

Una vez fuiste a una concentración con unos compañeros de trabajo y te hiciste una foto con casco junto al coche de carreras y la pones de perfil. Muy molona.

Si todo el mundo sabe que es la única vez que has estado junto a un coche de carreras es bastante probable que piensen “mira, este, que se cree Fernando Alonso…” y que, además de envidiarte (tontamente, pero ese es otro tema), te tengan por un pobre diablo que se contenta con posar para una foto. Tendrás muchos likes, pero de los de envidia, ya te lo digo.

Esto también vale por si un día subes a un caballo en la Feria Medieval de tu pueblo, o te sientas en un kayak de exposición en el río, o te regalan un curso de buceo en Groupon. No uses esas fotos de perfil, loser, que pareces un loser.

11. La nada

Un foto de perfil vacía denota una de estas tres cosas (o todas, poniéndonos en lo peor): que has sido incapaz de colocar una foto comme il faut en tu perfil, lo que dice de ti que eres un inútil; que no te importa no ser nadie en una red de personas, lo que dice de ti que eres un sinsustancia o un vago; y/o que no has encontrado ninguna foto tuya que te representa, y esto da mucha grimilla.

12. La foto perfecta

Estas de frente y sonríes. Muy bien: pareces simpático y cercano. Dejas que se vea tu cara, que se perciban tus facciones, que las personas te reconozcan como eres, o cómo quieres que crean que eres. Las personas queremos tener a otras personas con cara como contactos. Así, sí.

Como ves, la foto de perfil de Facebook es muy importante, dice mucho de ti. No sólo van a verla tus contactos, tus amigos, tu familia, qué va, está al alcance de tu jefe, de tu suegra, de las amigas de tu mujer y de tus hijos.

Antes de seleccionar una imagen con la que quieres que te identifique piensa cómo quieres que te perciban los demás. Y, oye, que si al final estás contento siendo un gato vestido de Darth Vader, ¡adelante! ¡Que la fuerza te acompañe!

¿Se te ocurre algún tipo más?

Imagen destacada vía awkwardfamilyphotos con licencia desconocida.

Republicado con permiso aquí, cortesía de Unadocenade.com

Las redes sociales, y Facebook en concreto, permiten muchísimas posibilidades de relacionarse con otras personas, y lo que es mejor, infinitas opciones para dejar de hacerlo. El bloqueo es el nuevo no soy yo, eres tú. A ver si nos espabilamos y dejamos de tenerle miedo, que a veces puede hacernos la vida un poquito mejor.

Eh, tú, ¡sí, tú! voy a hacerte desaparecer.

Si hay algo realmente apetitoso en Facebook es que permite hacer algo casi imposible en la vida real: hacer desaparecer a alguien. ¡Puf!, como si no existiera. ¡Magia!

Facebook da la opción de bloquear a alguien de tal manera que es posible no volver a verle más. En ningún sitio de esa red. Nunca. Never. Jamais.

Pero ten en cuenta que es recíproco: cuando bloqueas a un usuario de Facebook no sólo es él (o ella) quien desaparece, tú también desapareces.

Puede buscarte, claro, pero no va a encontrarte, es como si hubieras cerrado su cuenta. No vas a aparecer en el listado de amigos comunes, ni en el listado de amigos sugeridos. ¿Sabes esa columna que ves a la derecha, en la que aparecen los comentarios que tus contactos hacen en otras publicaciones? Sí, efectivamente, ahí tampoco vas a ver las interacciones de los contactos comunes en sus publicaciones.

Como contrapartida, tú tampoco lo vas a tener fácil y no vas a encontrarle, por mucho que le busques, también es como si hubiera cerrado su cuenta así que olvídate de cotillear en su perfil. Tenlo en cuenta si esperabas estalkear vilmente.

El bloqueado no puede mandarte mensajes internos ni interactuar contigo, ni siquiera en tus publicaciones públicas porque, recuerda, tú no existes. Él no existe. Olvídate de escribir crípticos mensajes con la esperanza de que se dé por aludido por algo, no va a poder leerlos.

El bloqueo va más allá y también hace que desaparezcan sus Me gusta y sus comentarios en tus publicaciones y, lo que es más inquietante, dejas de ver sus interacciones en las publicaciones de los contactos comunes. En los pasados, presentes y futuros o, al menos, hasta que siga bloqueado.

No sólo desaparece, es como si nunca hubiera existido.

No tienes que dar explicaciones para bloquear a alguien. No tienes que razonar. Basta con tener el deseo de no volver a ver a nadie y el valor suficiente de apretar el botón de bloquear. ¿Valor? Sí, valor. Aún no hemos interiorizado suficiente que alguien tenga un deseo tan fuerte de no saber nada de nosotros como para hacernos desaparecer de su vida digital. Porque, no te equivoques: se va a enterar de que le has bloqueado. Es la única explicación que justifica que hayas desaparecido como por arte de magia.

Es maravilloso. Es triste pensar que hay alguien a quien no se quiere ver con tanta intensidad que se desea que desaparezca del día a día pero también es maravilloso.

Bueno, a veces no, pero casi siempre.

Y, cuando no lo es, o cuando deja de serlo, por si lo de poder bloquear no fuera bastante bueno, ¡es reversible! Puedes desbloquear a ese usuario y aparecer de nuevo mágicamente. Ahora, eso sí, para volver a ser su “amigo” tendrás que reunir el valor suficiente para volver a enviarle una solicitud de amistad. ¿Valor? Sí, valor. A ver quién es el guapo que tiene la cara suficiente para querer reconectar con alguien ha tenido bloqueado.

¿Tú estudias o bloqueas?

Si Freud hubiera conocido esto de las redes sociales al desarrollar la teoría del superyó, una embolia hubiera acabado con su vida tras revisar algunos perfiles sociales. Dicen por ahí que no es que ahora haya más imbéciles que en otros momentos de la historia, es que ahora todos sabemos que son imbéciles. Y, curiosamente, son los que tienen un superyó muy desarrollado.

Igual que en Gran Hermano, en las redes sociales es imposible engañar a todos todos el tiempo y acabamos siendo nosotros mismos, signifique lo que signifique eso, así que si tenemos un superyó überdesarrollado es muy probable que parezcamos grandes imbéciles. Y lo peor es que como no tengamos cuidadito con lo que hacemos (un rasgo identificativo de los superyós es que nunca lo tienen) nuestra imagen se quedará así, de inconmensurables, legendarios, grandes imbéciles. Y no queremos eso, claro.

¿Cómo saben los demás que eres uno de esos y que tu superyó haría tambalearse al mismísimo Robert Downey Jr.? Aquí van algunas pistas:

  • Pones “Me gusta” en todas tus publicaciones de Facebook. Mira, voy a decírtelo claro: poner “Me gusta” en tu propia publicación es de lúser total. Los demás ya sabemos que si lo has compartido es porque te gusta. Es eso o pensar que lo compartes porque no te importa que los demás sepamos que eres imbécil. Tú verás.
  • Retuiteas todas las menciones en Twitter. Una de las utilidades más divertidas de la red del pajarito es interactuar con otros usuarios. A menos que tengas un candadito en tu cuenta (y si eres de los del superyó es poco probable), todo es en abierto. Créeme, no es necesario que retuitees todas las menciones, si alguien está interesado en seguir una de tus interesantísimas conversaciones, la buscará.
  • Compartes una y otra vez tus post, tus artículos, tus entrevistas,… UNA Y OTRA VEZ. Uno de los signos claros de que tu superyó está súpervitaminado y mineralizado es que compartes todas tus producciones seiscientas ochenta veces. Alguien te habló una vez de la fugacidad de los mensajes en Twitter, de la importancia del momento de publicación y de que Facebook ha cambiado el algoritmo de posicionamiento y para asegurarte de que TODO EL MUNDO te lee y que tienes muchas visitas lo compartes hasta la agonía. Igual deberías repensar tu estrategia y, en lugar de compartir compulsivamente lo mismo, observar las rutinas de tus seguidores y decidirte por publicar en las horas en que es probable que tengas más éxito. Lo demás es decir todo el rato eh, eh, soy yo, soy yo, mírame, estoy aquí, soy yo.

Estas son sólo algunas de las cosas que hacen los del superyó y que les hacen quedar como La Chata delante de los demás, pero hay más. ¿Eres uno de ellos? Te queremos igual.

Republicado con permiso de aquí, cortesía de el Hype
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Aunque casi nadie las lee, en Facebook hay unas normas comunitarias que indican lo que no hay que hacer en esta red social. Sin embargo, no hay reglas que indiquen qué tipo de contenidos compartir. No creo que si las hubiera, los usuarios hicieran el menor caso pero la cuestión es que no las hay.

Esto hace que tengamos la falsa sensación de que podemos hacer lo que queramos pero ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué compartimos unas cosas y no otras? ¿En qué pensamos cuando compartimos cosas en Facebook? ¿Pensamos?

A menudo parece que no y por eso Facebook es casi siempre una sorpresa que hace que nos preguntemos qué lleva a nuestros contactos a compartir tal o cual cosa, porque no le “pega”. ¿Qué hace un director de banco compartiendo un post sobre magdalenas? Un amigo comparte artículos a favor y en contra del gobierno, indistintamente ¿está a favor o en contra? En algunos casos no nos importa, o si no nos gusta podemos dejar de ver las publicaciones de nuestro muro pero quizás en otros sí, sí nos preguntamos por qué esa persona elige compartir unas cosas y no otras. ¿Tú por qué lo haces?

1. Porque algo te gusta a ti

Compartes sólo cosas que te gustan, temas relacionados con tus aficiones, artículos con los que estás de acuerdo, canciones que significan algo para ti, sin importarte un bledo lo que piensen tus contactos. Esto está bien, seguramente todos tus amigos ya sepan que eres muy fan de Juan Camus, de cualquier especie animal, de las recetas con algas y de la astrología. Pero no te extrañes si tus publicaciones pasan desapercibidas: después de la octava imagen de perro en adopción, de seis artículos diarios sobre la bondad de la alimentación a base de algas y, sobre todo, después de los tres vídeos diarios sobre tu ídolo probablemente hayan ocultado tus publicaciones. Eres cansino. Asúmelo.

2. Porque crees que va a gustar a los demás

Quizás compartes hobby con muchos de tus contactos: macramé, salir en bici, bailar salsa, hacer espeleología o tocar la flauta dulce y por eso sólo cuelgas contenidos sobre vuestro tema. Te esfuerzas por encontrar artículos, imágenes o vídeos que crees que van a gustarles porque es vuestro tema. Es lo suyo, es lo vuestro, os gustan las mismas cosas. ¿Por eso machacas con contenidos monotemáticos? Venga, hombre, nunca vas a contentar a todo el mundo. Y, sí, también eres cansino.

3. Todo el mundo lo comparte

Esta es maravillosa. ¿Quién puede no querer ver el vídeo de la artista que hace 23 años que no se encontraba con el amor de su vida. 86 veces compartido en su muro, por sus amigos, sus compañeros de trabajo, su madre y su vecina del cuarto? ¿Eh, quién? Todo el mundo lo comparte, ya lo has visto dos o trescientas veces compartido en tu muro ¿tú vas a ser menos? NO. ¿Por qué? No lo sabes, pero lo compartes por si acaso. ¿Hace que te sientas más integrado, parte del grupo?

Y, mira, yo aquí tengo una duda al poner “Me gusta” ¿lo pongo la primera vez que veo compartido un vídeo y me convalida para las chorrocientas veces restantes o tengo que poner “Me gusta” cada vez? Que a ver si los demás van a mosquearse, que hay mucha drama queen suelta en Facebook..

4. “Soy el primer, el único, lo peto”

Aunque no sepas muy bien por qué, lo que te pone es ser el primero y, si puede ser, el único, en compartir un contenido. Lo tuyo es ser original, no seguir a la masa. Por eso compartes artículos que sabes seguro que nadie más habrá visto. Que igual si no lo has visto en ningún otro sitio es por algo, piénsalo, no vaya a ser que acabes teniendo una fama de frikazo marginal que haga que pierdas amigos en Facebook a la velocidad de la luz.

5. No te gusta y quieres que quede claro

Tras dos o tres días de “relación” tus contactos tienen clarísimo que tu muro es quejón, sólo compartes contenidos de denuncia: artículos contra el gobierno (contra todos los gobiernos), contra la tecnología, contra las multinacionales, contra los abusos del poder, contra las miserias, contra los programas de televisión.. Eres el pitufo gruñón del Facebook. Pero, oye, amigo, ¿hay algo que te parezca bien o con lo que estás de acuerdo en esta vida?

6. Un amigo te ha pedido un favor

Esto es complicado. Muchos piensan que los amigos de Facebook están para esto, para echar una mano y difundir contenidos cuando un colega se lo pide porque, total, ¿qué te cuesta? Hombre, costar, pues no cuesta nada, que ya sabemos que es gratis. Pero igual a tu colega no le apetece nada compartir un enlace sobre el recital de poesía sudanesa en el que participa tu mujer y le estás poniendo en un compromiso. Sobre todo porque tu colega vive a 500 km. y es poco probable que ninguno de sus contactos esté mínimamente interesado en asistir.

Personalmente, me da ternurita ver a los colegas compartir contenidos que sé a ciencia cierta que les importan un pimiento y que seguro que se debe a que les han pedido un favor. Y si me pilla en día bueno hasta pongo un “Me gusta” de consolación.

7. No te han pedido un favor pero tú lo haces

Resulta que un colega abre una nueva página de su recién estrenada empresa. Y como eres buena persona, le deseas lo mejor y quieres que tenga mucho éxito, lo compartes. Si eres muy, muy buena persona, lo compartes trillones de veces todos los días porque quieres que tenga mucho, mucho éxito. Y porque ninguno de tus contactos le da al “Me gusta”, así que tendrás que publicarlo un trillón de veces más, porque tu amigo se lo merece.

Eh, no lo hagas. No ayudas a tu amigo y tus contactos pensarán que eres un pesado. Y es posible que incluso alguno te vea tan entusiasta que te pida un favor y pase lo del punto 6. De aquí al ostracismo facebookiano hay un paso.

8. Por autobombo

Seguro que has escuchado un montón de veces que “hay que estar en las redes sociales” si quieres crearte una marca personal y que los demás sepan lo que haces (sea lo que sea), así que estás y lo compartes. Escribes, haces tartas con Hello Kitty, tejes bufandas preciosas, restauras cuadros o customizas coches, lo haces muy bien y lo compartes. Quizás no sea tu actividad principal pero te gustaría que lo fuera. O es una cuestión de prurito personal. O te satisface ver que eso que siempre has hecho, eso que te fascina y en lo que eres bueno es reconocido y apreciado por tus amigos.

Adelante, promociónate, date todo el autobombo que quieras pero recuerda no convertirte en uno del punto 1, no te conviertas en un cansino o sufrirás el efecto rebote de Facebook.

9. Para parecer solidario y comprometido

Voy a hacerte una pregunta. Como no voy a saber la respuesta puedes mentir, pero te mentirías a ti mismo, tú verás: cuando ves que uno de tus contactos comparte una imagen de esas “Esta persona está en contra de nosequé” ¿piensas que es una persona comprometida? ¿Te llega el mensaje de que esa persona es especialmente solidaria? ¿Es más solidaria y buena persona que quienes no lo comparten? No, ¿verdad? Entonces ¿por qué crees que otros sí van a pensarlo cuando tú lo compartes?

10. Para concursar y ganar una pulserita de lana de llama prensada

Los concursos de Facebook son un misterio insondable para mí. Casi todos. Puedo entender que alguien quiera ganar un viaje, un coche o una cena en su sitio especial y que por eso comparta doce veces la punblicación en Facebook pero, sinceramente, ¿por una pulserita, unos calcetines de punto, un bolso de 12 euros? ¿En serio trolleas a tus amigos, les mandas invitaciones para participar en un concurso y les torturas tres veces diarias con un concurso por una pulserita de lana de llama prensada?

Empiezo a pensar que Facebook te importa un comino, la verdad..

11. Para provocar

Hay publicaciones de Facebook cuyo único objetivo es provocar y hay de todo tipo: insinuaciones sexuales, extremismos, indirectas, miserias.. A veces estas provocaciones surten efecto y generan un hilo de comentarios interesante y enriquecedor pero, no nos engañemos, es pocas veces.

Las mejores son las indirectas con mala leche, por su incompatibilidad manifiesta con el espíritu de las redes sociales: si no se cita expresamente a los destinatarios es muy probable que no se enteren. Si se enteran, es poco probable que entren en el debate en abierto. Y para el resto de contactos queda como un mensaje críptico a cuyo significado no tienen acceso, lo que provoca malestares y, a veces, ataques de ¿seré yo?

No lo hagas, no provoques. No provoques con mal rollo, vaya.

12. Para que no piensen que has muerto

Hay gente que publica cosas sólo para que quede claro que están: cambian su foto de vez en cuando, participan en algún concurso, comparten algún artículo, ponen algún “Me gusta”… pero sin decir nada.

Queda claro. No te has muerto.

¿Dónde está el término medio? ¿Cuál es la fórmula mágica para disfrutar de esta red? Como en todo, en el término medio: compartiendo contenidos propios y ajenos que nos gusten y que creamos que van a gustar a nuestros contactos, evitando ser pesado sin llegar a parecer muerto, combinando las dosis justas de originalidad, provocación y sentido común. En definitiva, hay que ser un humacyborg de quinta generación. Y esto lo contaremos en otra docena.

Imagen destacada vía Shutterstock.

Republicado con permiso aquí, cortesía de Unadocenade.com

Así, en esencia, Twitter parece fácil. Es una red de microbloging, en la que cada usuario puede escribir mensajes de 140 caracteres para que los lean sus seguidores. Si tienes tu cuenta pública, cualquiera puede ser tu seguidor, leer tus tuits, marcarlos como favoritos si le gustan o retuitearlos, es decir, replicarlos para que sus seguidores, a su vez, los lean. Puedes dirigirte en abierto a cualquier tuitero, escribiendo @ y su usuario, y hasta puedes mandar mensajes directos, privados, pero sólo si el destinatario te sigue.

Qué fácil, ¿no? Bueno, en esencia, sí, pero la verdad es que cuesta pillar el tranquillo si quieres integrarte comme il faut, porque hay mucho más. Twitter tiene un lenguaje propio, una especie de sistema de castas, una cantidad de chorradas y un metalenguaje tal que a no ser que alguien te lo explique muy bien puedes estar semanas sin entender nada de lo que pasa. Y abandonar. Y perderte lo maravilloso que es sólo porque no lo entiendes.

Para que no lo hagas, para que no abandones, aquí van una docena de cosas que pasan en Twitter y que vas a tener que aprender para sobrevivir. Tranquilo, no te va a doler.

1. Plantillas

¿Qué le pasa a todo el mundo con Churchill? ¿Y con la primera cita? ¿Por qué la gente está tuiteando nombres de películas con hortalizas?

Pues eso, las plantillas son tuits con una estructura concreta, pero con variaciones en la escritura. Aquí es donde cada tuitero exprime su ingenio porque ya se han dicho muchas cosas y hay que sorprender al lector. Hay muchos pero aquí dejo dos ejemplos: el de “en la primera cita”, que es mi favorito, y las citas de Winston Churchill.

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2. Tuitstar

¿Qué es un tuitstar? Me preguntas mientras clavas tu pupila en mi pupila azul.

Un tuitstar es un usuario con muchos seguidores. Esto no sería “importante” si no fuera porque crean tendencia: puede crear un trending topic o poner de moda un tema de conversación o una palabra. Tienen tantos seguidores, hay tanta gente que les retuitea que, cuando se ponen, mandan en Twitter. Y fuera, también, porque hasta salen en la tele.

Uno de los casos más sonados, por traspasar la frontera digital, es el de los #hijostróspidos de @elhematocrítico, un hashtag creado para ridiculizar un programa de televisión que acabó protagonizando artículos de la prensa “seria” y que incluso fue adoptado por el programa al que aludía, “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, de Cuatro.

Ten cuidado porque a algunos tuitstar no les gusta que les digan que lo son.

Tuitstars

3. Cuentas fake

Una cuenta fake es una cuenta falsa, normalmente satírica, que utiliza los tics del personaje para ridiculizarlo. Suelen ser muy evidentes, como la cuenta falsa de Esperanza Aguirre (@EspeonzaAguirre) o la del Gobierno de España (@gobiernoespa) pero tienen miles de seguidores y siempre hay alguien que pica. No seas uno de ellos y fíjate bien en la grafía del usuario para asegurarte de que no es un fake.

4. FAV, RT y la m*dr* que los parió

Son las abreviaturas de “favorito” y “retweet”. Voy a asumir que ya sabes qué es cada cosa, mecánicamente, así que vamos a lo que tiene miga: FAV y RT, ¿cómo y por qué?

Cuenta la leyenda que cuando empezó Twitter todo el mundo sabía cómo usar lo de los favoritos y los retuits pero es sólo eso, una leyenda, porque ahora cada uno lo usa como le parece bien. Hay quien favoritea sólo los tuits que le mencionan, otros favoritean sólo los que les hacen mucha gracia, otros con los que están de acuerdo.. y lo mismo pasa con los retuits: unos retuitean lo que creen que va a gustar o ser de utilidad a sus seguidores; otros, lo que les interesa a ellos.. Hay seguidores que favoritean todos los tuits pero jamás los retuitean y hay otros que lo retuitean todo. ¿Es posible entender algo entre esta maraña de despropósitos y sinsentidos, en la que cada cuál hace su santa voluntad? No.

5. Favstar

Favstar es una aplicación externa a Twitter que muestra la información sobre los FAV y los RT de un tuit o de un usuario. O sea: es un molómetro, mide quién mola más en Twitter, ya que dice qué tuits son los más retuiteados y favoriteados de un usuario. Fíjate si es importante para algunos tuiteros que incluyen en su bio la dirección a su cuenta de Favstar, para que todos veamos lo guays que son y el éxito que tienen.

El colmo es que hay una versión premium que permite dar una copa o trofeo al mejor tuit del día y por eso hay de quien va agradeciendo copazos y esas cosas aunque sean las nueve de la mañana.

Hay una expresión (con variantes) asociada al Favstar: follarse el Favstar de alguien o repasar el Favstar significa que alguien ha favoriteado y/o retuiteado tuits masivamente. Y casi siempre a lo loco.

¿Cómo usar esta expresión correctamente? Pues con algo así

Oye, @fulanito, menudo repaso a mi favstar. ¡Gracias!

(Based on a true story)

Molón, eh.

6. BOTS

BOT es la abreviatura de robot, es decir, algo que hace las cosas mecánicamente, sin pensar. En Twitter, es un software que postea mensajes automáticamente. Los BOTS son un rollo: responden automáticamente sólo porque has usado una palabra que chequean, te avisan de los retuits que tienen los tuiteros a los que sigues y vas a dejar de seguir inmediatamente, por chapas, repiten una y otra vez los mismos tuits.. no aportan nada y deberían desaparecer.

7. Pocosfollowers

Estás harto de oír hablar de Twitter en las noticias y te has abierto una cuenta “pa ver qué es”. No tienes muchos amigos con Twitter (seguramente, si te has abierto una cuenta de Twitter no tienes muchos amigos, en general) así que te dedicas a seguir a famosos, a los medios de comunicación, a las marcas que te gustan y a algún periodista. Pasan tres meses, sigues sin decir nada y sigues teniendo 12 seguidores: eres un pocosfollowers. Y nunca tendrás más a menos que pierdas la vergüenza y digas cosas. Porque a Twitter se viene a eso, a decir cosas. Pocosfollowers, que eres un pocosfollowers.

8. Trending Topic

Un trending topic es un tema o tendencia del momento en Twitter, es decir, son las palabras o hashtags que más se están utilizando en un momento determinado en la red, que aparecen primero en una columna a la izquierda de tu TL y luego verás en los informativos, como si fueran noticia de verdad. Y no sirven para nada.

9. Los RT manuales

No se hacen retuits manuales. Punto. Es de primero de Twitter.

Si quieres hacer un retuit, dale a retuitear a tus seguidores porque, si no, te arriesgas a que el listo de turno se mosquee y haga que te sonrojes. Y tú no quieres eso, pocosfollowers.

¿Por qué hay tuiteros a quienes les molestan tanto los retuits manuales? Pues, no sé, la verdad, aunque tengo la sospecha de que es porque de esta manera no salen en la cuenta del Favstar y son menos molones pero, eh, es una sospecha.

10. Las multimenciones

A veces se entablan conversaciones en Twitter, como si fuera un chat. A medida que se van incorporando personas a la conversación, si le das a responder, aparecen más usuarios en el tuit. Es útil si quieres seguir el hilo, porque así te enteras de qué dice cada uno pero, ay, amigo, si no te interesa el resto de la conversación, una multimención es una trampa mortal de la que no podrás escapar NUNCA, a no ser que algún alma caritativa deje de incluirte en la conversación.

Tenlo en cuenta cuando menciones a otros, haz el favor, desde el cariño te lo digo.

11. El SPAM

Está muy bien que tuitees el último post de tu blog. Una vez. Vale, va, dos veces, que igual los del turno de noche no lo han visto. Más empalaga.

Y también vale para cualquier otra cosa que te guste y que repitas hasta la saciedad: aburre, dejas de ser interesante a tus seguidores. ¿Has leído alguna vez lo de UNFOLLOW Y BLOCK POR SPAM? Pues no es sólo una expresión raruna, puede hacerse y ten por seguro que si no dejas de dar la brasa tus seguidores acabarán bloqueándote.

12. Twitter

¿Llevas seis meses en Twiter, aún tienes 12 followers, contando a los tres bots que te siguen desde el primer día, y sigues sin entender nada? Algo no estás haciendo bien.

¿Tuiteas regularmente? ¿Interactúas con otros tuiteros? ¿Retuiteas? ¿Amplías tu TL cada día? ¿Marcas otros tuits como favoritos? Si respondes “no”, ¿qué haces en Twitter? No me extraña que no lo entiendas.

Como ves, hay muchas cosas que aprender para ser un tuitero de pro. Un lenguaje propio, reglas no escritas, peligros por todas partes, unfollows.. pero no desesperes, podrás conseguirlo. Es cuestión de poner afición, paciencia, interés y mucho sentido del humor. Y, si no, siempre te queda Facebook.

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